21 mar. 2009

Bájenme la piñata por que estoy débil

Chaparrita, mira, me encontré esto que escribí y no publiqué:

"Que linda la fiesta de mi pueblo...", reza una canción que escuché y que ni recuerdo cómo se llama, pero da pie a que inicie mis memorias sobre la fiesta “1”.

¿No es “1” una chulada para un angelito? 1, como su dedito cuando señala; 1, como su piñata. Pero todo lo que ha aprendido en este primer año...

Por cierto, y combinado con el año uno, no recuerdo si te di las gracias por la atención que me diste, la de toda una doctora profesional, pero sobre todo la atención de una esposita muy dedicada a su marido. Nuevamente son esos pequeños detalles de los que alguna vez te hablé, esos que nadie espera pero que tú, sólo tú puedes darme. Eso sin contar que, pese a las atenciones que tenías conmigo, no descuidaste en ningún momento a nuestro pequeño angelito que también exige las atenciones y cuidados de su mamita, ahora si que te multiplicaste.

Estuve a punto de gritar, con las pocas fuerzas que me quedaban ¡Bájenme la piñata por que estoy débil!, pero Miguel me ganó la idea. Y cómo él, no iba a dejar escapar la oportunidad de surtirme de dulces y fruta.

Ah, mi linda mujercita. La consecuencia de todos tus cuidados fue una fiestecita en la que me divertí mucho, una reunión muy agradable que ¿quién organizó? si, de nuevo tú. Y luego dices que sientes que no haces nada...

17 mar. 2009

Los otros cómplices

Empezé a escribir esto el día en que más fuerte me dió la gripe ¡y qué gripe!

No cabe duda que los niños son una maravilla, y no hablo de uno en especial, hablo de todos; piensa en uno y lo verás, hasta la más sangrona. Pero hay algunos que nos hacen más gracia que otros y algunos que les aguantaríamos lo que fuera: Isabela para ti, Miguelito para mi. A ambos los queremos mucho, igual que a sus hermanos, pero ellos tienen un “algo” especial que a cada uno nos enamora de una manera magica. Nada más que yo tengo más sobrinos y con todos padecí la misma enfermedad, la misma que me hace bromear tanto con mis sobrinotes.

Me encanta Miguel. Me encanta por que tiene un encanto pícaro que yo formé, por que tiene la travesura que veía en mi Mamá (tuviste sólo una probadita de las diabluras de que era capaz mi Madre) y la inteligencia de mis hermanos, el buen corazón de Pedrito y la propiedad para expresarse de mi Papá.

Ese niñito que me iba a despertar a raquetazos en las mañanas tenía el poder, no solo para levantarme, sino para hacerlo de esa manera que un angelito lo puede hacer, y además te alegran la mañana al verles la carita. Ese niño que corría en la banqueta cuando iba a ver a mi novia, me hacía regresar para darle un abrazo. Y..., podría seguir mucho, realmente podría escribir muchísimas anécdotas de mis sobrinos..., no, voy a seguir: Miguel tiene un carrito eléctrico que al principio le daba miedo por el ruido que hacía, pero después, hasta me atropellaba. Cuando recién nació, se despertaba entre 2 y 3 de la madrugada que era la hora en que yo regresaba de trabajar, así que en las noches podía saludarlo y abrazarlo, era muy pequeño y se dejaba sin quejarse.

Otro día aprendió a darse marometas, otro más a brincar en un pie; no cabe duda que los niños son una cosa increíble y nos ponen a hacer el ridículo, como dar marometas en el patio o brinar por la calle en un pie.

Siempre me pregunté ¿cuánto amor tendré para mi propio hijo si tengo tanto amor por cada uno de mis sobrinos? Tanto en realidad, que ni yo sabía que podía querer tanto como a mi “Güerito”, que es mi primer sobrino y que también disfruté mucho.

Ahora que tengo mi angelito y ni yo me lo creo; es hermoso, es gracioso, es un verdadero sol en la casa, corre, levanta los brazos, se ríe, aprende y –como alguna vez tu lo dijiste– nos enseña ¡y de que manera! Es genial como aprende todo, como prueba y analiza todo lo que hay a su alrededor. Y lo mejor es que tú, su Mamita, eres la luz de sus ojos y serás siempre para él la mujer más maravillosa de todo el universo y ese hecho, nada ni nadie lo va a cambiar....