1 may. 2012

Sólo en cines

Hace tiempo leí a Jaime Sabines en uno de sus tantos poemas (por que, además, me encanta su manera de escribir), y leía el de Julito 4: 

"A los tres años y medio, Julito aprende nuestro idioma después de habernos enseñado el suyo. Y su facultad de aprender es mayor que la nuestra de olvidar. Son muchas las voces que nos ha dado y de las cuales no podemos deshacernos".

Y precisamente es eso lo que vivimos día a día con nuestros niños. Los niños son esponjas de vida que se llenan con todo lo que les rodea: television, radio, escuela, amigos, tíos y tías, primos, el medio ambiente y por supuesto, Mamá y Papá.

Lo que es increíble y que describe el poema de Sabines a la perfección es cómo estos niños, que apenas están aprendiendo a vivir, en realidad nos van enseñando día a día sobre: el espectáculo de ver volar una mariposa, ver caer la fruta de los árboles, el punto débil de las personas para las cosquillas, el placer de saborear una rica comida, cómo hacer sonreír a Mamá.

También tienen esa emoción que yo perdí hace mucho tiempo, de ir al cine. Mi niño decía con su dulce voz "Papá, papá, mamos a vei el Lolax..., sóllo en cines", y ese remate de anuncio comercial no hacía más que causarme risa, y por supuesto, me convencía de ir, por que ver esa carita emocionada no hace más que derretirme el corazón.

Lo más curioso de esas experiencias es cuando, en medio de una de esas comidas elegantes entre gente importante, donde se escuchan con parsimonia tratados de política, ensayos de economía y de negocios, las presunciones de quién tiene qué, se escucha la voz del abuelo en la cabecera de la mesa al rematar su anécdota con una frase que sólo tiene sentido para él y la abuela: sólo en cines.

7 feb. 2012

Un día de gripe

Mi gripe empezó hace dos días, tal vez tres, pero el primero fue sólo de sentir la clásica sensación de un resfrío, nada que un kleenex no resuelva.

El segundo día fue demoledor, afortunadamente para mi, descansaba del trabajo y pude quedarme a descansar, además, era día festivo y las actividades de mis hijos no existían, lo más cansado que tuve que hacer fue correr con Mario Bros un rato y aguantar el estar respirando con un cubrebocas todo el día, de manera que mientras no me lo quitara todo estaba bien, además, dormí muchas veces a lo largo del día.

En la madrugada, después de mis medicinas y de un té reparador vino la fiebre, aunque parece que no duró mucho por que cuando me despertó el dolor de cabeza y el sudor, me sentía mucho mejor. Además, sabía que al siguiente día tenía que trabajar; lo mejor era haber tenido esa noche de reconstrucción antiviral, pero no fue así.

Después de despertar entre dolores de cabeza, sudor y escalofríos, me di cuenta que aún faltaban unos minutos para las 7 am, lo supe por que mi mujer ya estaba levantada, así que me volví a dormir, después, no recuerdo nada hasta que me levanté a las 10:30 am y fue en ese momento en que una voz (que no era la mía) habla por mi, eso me aterrorizó.

Era una voz diabólica, profunda, cargada de..., de una esencia negativa, era el sonido de lo que siempre he imaginado como la voz de El oscuro pasajero...

Sabía que eso no estaba bien, el reconocer esa voz significaba que algo no estaba bien en este día pero aún así, El oscuro pasajero se levanto de la cama y se fue a bañar. Al salir le dolía la espalda, la garganta, la cabeza, y se quedó en cama de nuevo.

Al paso del día El oscuro pasajero fue regresando al oscuro lugar de donde provenía y afortunadamente en la tarde y después de muchas siestas, la voz volvió a ser la voz de siempre.

Lo malo de estar enfermo es que no disfruto a mi familia por que en cualquier lugar en que me siente, me duermo, bueno, normalmente siempre es así pero cuando tengo gripe, inevitablemente el sueño simplemente me vence.

Lo bueno es que siempre están ahí para consentirme, tengo mi enfermera personal que es muy, muy eficiente y sus asistentes, que no me dejan dormir pero me hacen reír.

Pese a eso no me gusta y me asusta cuando se despierta El oscuro pasajero.

26 ene. 2012

2012

Según dicen, los mayas terminaron su cálculo de fechas en el calendario en el 2012. Unos dicen que es el fin de una era, otros, que es el principio. Algunas voces expertas dicen que, simplemente, se les acabó el espacio en la piedra en la que labraban el calendario y le pararon ahí.

La verdad es que no vale la pena preocuparse por que no podemos ir a ningún lugar fuera de este planeta.

Ni siquiera lo pienso, mejor pienso en los momentos que pasan y en los planes que tenemos para el futuro, si se termina el mundo (ese es el único inconveniente) no podremos realizarlos pero..., ya para entonces no va a importar mucho.

El 2012 incia con cambios: por un lado, me acabo de conseguir una traductora profesional, por otro, mis hijos siguen creciendo y enseñándome cada día las maravillas de la vida, esas que siempre han estado ahí, pero que conforme crecemos, las vamos olvidando.

Hace tiempo que no me reía cuando tendía la cama, pero mis hijos me enseñaron que sentir la sábana cuando se sacude, hace reír; lo mismo que las competencias de brinquitos; o cantar a todo pulmón en la calle siempre que pasamos por una casa donde en el suelo pusieron azulejos de colores.

Tampoco me acordaba de lo divertido que es hacer trompetillas, es más, me acabo de enterar que es un excelente ejercicio para los que quieren aprender a cantar. Ni lo genial que es meterse a bañar, en realidad, mis niños entran felices al baño por que saben que van a jugar, lo difícil es sacarlos de la regadera.

En fin, lo realmente importante en este 2012 es admirar las pequeñas cosas que nos regla la vida, y a mi, la vida me ha dado de más.