11 abr 2013

Quiero escribir

Bla, bla, bla, no sé que escribir, quiero hacerlo pero no sé de qué. La mano, la máquina, la mente quieren decir algo, pero ¿qué? No sé.

Ya me puse una pinza de la ropa en el labio, también me aplaste la mando entre la silla y la mesa y nada, las ideas no vienen a mi. ¿No decían que éstas cosas funcionaban para despertar la creatividad?

Salgo de casa, voy al trabajo, llego a la oficina; bullicio de actividad desde temprana hora, bueno, temprana sí consideramos que acabo de llegar. Ya es medio día.

Para colmo, se me ocurre ponerme a escribir en un momento de quietud en mi escritorio. Justo en el momento en que empiezo a escribir los compañeros que tengo al lado comienzan a hablar..., no, no hablan, gritan pese a que los que escuchamos estamos a menos de un metro y medio de distancia.

Trato de usar mi lado zen pero no soy capaz, mi cabeza se llena de ideas, eso es lo que me hacía falta, ideas; pero las ideas que llegan a mi son frases de desesperación, exigentes pidiendo: ¡no grites, sí te escucho! ¡Silencio! ¡Ya cállate!

De pronto el silencio, no necesite decirlo, tan rápido como llegó el escándalo se fue...., pero nuevamente no sé que escribir, ya no hay a quién exigirle que se calle y las ideas se fueron junto con las palabras exageradas y mentirosas de mis compañeros -Qué bien te ves- dijo uno mintiendo a otro que se había puesto una camisa poco favorecedora. -Lo que más me molesta es la gente aduladora- dijo aquel que llena de loas al jefe o al compañero engreído que nadie aguanta para quedar bien.

Por eso me dan ganas de decirles, de gritarles, ¡cállate! ¡Mientes! ¡adulador! ¡cobarde!

Pero no, me guardo mis comentarios y confirmo lo dicho -Sí te ves bien- ¿quién soy yo para hacerlo sentir mal con su camisa rosa y 6 tallas más grande? No voy a adular al jefe, pero tampoco voy a llenarlo de halagos inmerecidos, ya tengo suficiente escuchando a un adulador.

Me voy a poner a trabajar hasta que se me ocurra que escribir.

7 mar 2013

En las cobijas


A veces abro los ojos por que mi reloj interno me dice que dormí suficiente, otras -la mayoría-, mi reloj me dice que podría dormir 12 horas más, pero tengo que levantarme para ir a trabajar.

Abro un ojo (nunca puedo abrir los dos al mismo tiempo, hay demasiada luz para eso), me quedan 20 minutos más. Pasa el tiempo mientras mi cabeza está bajo las cobijas. Pasa el tiempo y siento que ya se me va a hacer tarde pero sólo han pasado 5 minutos, siento alivio, vuelvo a intentar dormirme pero cuando volteo a ver el reloj con la esperanza de que tenga todavía más tiempo, veo que sólo han pasado otros 2 minutos y eso lo hago en repetidas ocasiones. Decido levantarme, no tiene caso seguir así.

A veces lo que me despierta es un dolor de cabeza ligero pero constante, siempre digo que es por dormir "de más", pero dormir 6 horas y media no es dormir "de más"..., en realidad es dormir "de menos".

Me levanto, no hay nadie en la casa, estoy solo. Quiero seguir acostado pero ya no tengo sueño, de cualquier manera me vuelvo a recostar, meto la cabeza entre las cobijas esperando que el calor que aún conservan me ayuden a volver a atrapar las ganas de dormir. Pasa un minuto y ahora hace mucho calor debajo de las cobijas.

Enciendo la TV, siempre ver un buen programa de noticias o un programa mañanero hace que el sueño regrese: Primero noticas, hoy, o el del 13 que ni el nombre me sé, cualquiera es tan bueno para aburrirme como el canal del Congreso.

Le dejo en Hoy, los del 13 gritan mucho. En menos de dos minutos el sueño regresa..., el calor abrazador de las cobijas me invitan a cerrar los ojos, poco a poco siento la pesadez de los párpados, el tiempo se vuelve a estirar, la conciencia se vuelve ligera, me siento levitar en la cama... me duermo.

Sueño que camino y escucho ¿música...? ¿de dónde viene? El volúmen aumenta en mi sueño, esa canción se parece al sonido de mi ¿alarma? ¡Caramba! ahora sí es hora de levantarme y yo ¡tengo mucho sueño!